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Bajada brusca a la realidad

Al día siguiente, le escribí a Juan.

Tu camioneta es cómplice y promotora de buenos momentos!

Y al rato llegó su respuesta:

Grande mi camioneta!
Besos
Juan

¿Eso era todo? Aún sabiendo que mujeres y hombres nos comunicamos distinto, hubiera esperado algo más… en realidad, más que hubiera esperado, esperaba algo más, y me dio una cosita como de tristeza.

Supe, entonces, que no tenía que esperar nada más que pasar buenos momentos, cuando se dieran, sin más expectativa que esa. Y que la cosa tenía que ser al revés… cuando yo quería tener una noche de amor con placer asegurado, podía contar con Juan. Mientras, seguir mi vida.

Me anoté en la página de citas  … mientras aparece la persona correcta, ¿porqué no pasarla bien con los equivocados…?

Fuera de hora

Bajé, y no vi el auto de Juan.

En vez, una trafic, parada en doble fila y a Juan que me sonreía desde adentro.

Me explicó que había dejado su auto en el taller, y andaba con la camioneta de la empresa. Di la vuelta, y me trepé en el asiento del acompañante. Tenía dos asientos detrás, y el resto estaba pelado, salvo dos bolsas de supermercado, con algunas cosas dentro.

Nos besamos, mientras nos decíamos suerte que estabas levantadasuerte que me llamaste… que lindo verte… lindo  que viniste… muero de hambre!  Arrancó, y fuimos a un restaurant cerca de mi casa.

Pidió su cena y yo un café irlandés, y hablamos sobre lo bien que lo habíamos pasado la otra noche, y la conversación fue pasando de tema en tema. De la rubia desabrida, no dijo nada, yo tampoco pregunté nada.

Pidió la cuenta, y salimos. Llegando a la camioneta, y mientras abría la puerta me besó. Me trepé dentro, él dio la vuelta, y una vez sentado, volvió a besarme, intenso y suave. Desabrochó el primer botón de mi camisa, y deslizó la mano por debajo de mi corpiño. Le devolví la caricia bajando mi mano a su entrepierna y lo acaricié por encima su ropa. Estaba duro y apretado, lo sentía moverse, y seguí acariciándolo con más presión.

Que ganas de sentirte que tenia… que ganas de cogerte que tengo!… ¿Vamos atrás?

Miré para atrás, miré los vidrios, que estaban polarizados, y pensando que hacía millones de años que no hacía algo así, le dije dale!

Se pasó primero, por el hueco que había entre las dos butacas y se sentó atrás. Pasé yo, y me quedé arrodillada delante de él, y mientras lo besaba, le fui desabrochando el cinturón, le corrí el boxer, y lo dejé enorme y a merced de mis manos mientras él se acomodaba y se bajaba un poco el pantalón. Lo besé intensamente, lo sentí gemir, moverse y crecer más todavía al contacto de mi boca, hasta que me dijo vení, sentate arriba mío.

Como pude, bajé mi pantalón hasta los tobillos, y a pesar de lo incómodo que parecía que iba a ser, me senté arriba de él, despacio, sintiendo como iba entrando de a poco dentro mío. Me moví arriba de él, hasta que enseguida terminó. Fuerte y sonoro, acabó mientras me abrazaba desde atrás y así se quedó un rato más, recuperándose.

Me pasé al asiento de al lado, mientras me daba un kleenex aparecido de la nada…  después vi que había una caja tirada en el piso, nos acomodamos la ropa y nos quedamos un rato en los asientos de atrás, hasta que nos empezamos a reír… somos dos pendejos!

Nos pasamos a las butacas delanteras, recién entonces nos fijamos si no había nadie cerca mirando, arrancamos y nos fuimos. Cinco minutos después me dejaba en la puerta de casa. Increíble, me dijo, mientras me daba otro beso, y me bajé.

Esperó que entrara, me saludó con la mano y cuando subí al ascensor, se fue. Qué bueno! Quiero más!

Nunca es tarde

Dos días después, pasadas las diez de la noche, ya me había acostado y estaba con mi notebook  perdiendo el tiempo en Facebook, cuando me entra un mensaje on line de Juan.

Bonita! ¿qué dice Milady?

Me cuenta que estaba recién llegado de su partido de fútbol de los lunes.

¿Ya cenaste?

Si, yo ya había cenado.

¿Me acompañás a cenar a mi? Cierro todo acá y en 20 minutos puedo pasar a buscarte.

Miré la hora… eran pasadas las diez y veinte… estaba acostada…  Dale,  ningún problema, te acompaño y yo me tomo un café!

Cerré la máquina a toda velocidad, me vestí, y en 15 minutos estaba lista.

Dos minutos después, sonó mi celular:  Estoy abajo!

Listo, ya bajo.

Y bajé!  Anticipo de buenos momentos.

 

Música para los oídos

Entonces, me decidí y le escribí.

Milord…
Milady, con una naturalidad  y una  confianza que podría remontarse a años aunque fuera de tan poco tiempo nomás, se sintió perfectamente cómoda, especialmente cerca, y sencillamente feliz…  por el encuentro, la cercanía, por la intimidad que se vive cuando alguien canta solamente para uno, y un abrazo te envuelve en la noche. Qué buen momento!
…Quiero que sepas cuanto me haces bien… Que afortunadamente… me haces bien…me haces bien… (con música de fondo)

Al toque llegó su respuesta.

Hay
R
ecuerdos que no voy a borrar
Personas que no voy a olvidar…
Hay
Secretos en el fondo del mar
Personas que me quiero llevar
Aromas que no voy a olvidar
Silencios que prefiero callar
Mientras vos jugás

Muy lindo todo, pero de vernos, ni hablar. :(

Disfrutá el momento

Al día siguiente, me desperté y sin levantarme, me quedé un rato largo reviviendo cada minuto de esa noche tan especial. Me animé a pensar que Juan debería haber disfrutado la noche entera, tanto como yo.

Sin salir de la cama, abrí mi notebook…ojalá me encontrara con un mail de Juan, pero supuse que no, todavía era temprano… y además, esas cosas las hacíamos nosotras, no ellos. Mejor no esperar nada de nada.

No, no había nada de nada!

Tampoco hubo nada de nada en todo el sábado, ni tampoco el domingo.

Tanto mail previo, tanto te mando el cobrador, tanto beso, y ahora nada.

A ver,  Alicia!!!! ¿Cuándo vas a aprender?

Como una manera de conformarme, pensé que no tenía porque haber nada. Lo habíamos hablado, había sido solo esa noche, estaba la rubia desabrida con quien él quería hacerse viejo, y nada.

Así que nada. Disfrutá el momento. Viví el día.

Bueno, disfruté el momento, y viví la noche. ¿Y si quiero más?… ¿lo llamo?…¿le escribo??? Hoy no… mejor mañana

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