Bajé, y no vi el auto de Juan.
En vez, una trafic, parada en doble fila y a Juan que me sonreía desde adentro.
Me explicó que había dejado su auto en el taller, y andaba con la camioneta de la empresa. Di la vuelta, y me trepé en el asiento del acompañante. Tenía dos asientos detrás, y el resto estaba pelado, salvo dos bolsas de supermercado, con algunas cosas dentro.
Nos besamos, mientras nos decíamos suerte que estabas levantada… suerte que me llamaste… que lindo verte… lindo que viniste… muero de hambre! Arrancó, y fuimos a un restaurant cerca de mi casa.
Pidió su cena y yo un café irlandés, y hablamos sobre lo bien que lo habíamos pasado la otra noche, y la conversación fue pasando de tema en tema. De la rubia desabrida, no dijo nada, yo tampoco pregunté nada.
Pidió la cuenta, y salimos. Llegando a la camioneta, y mientras abría la puerta me besó. Me trepé dentro, él dio la vuelta, y una vez sentado, volvió a besarme, intenso y suave. Desabrochó el primer botón de mi camisa, y deslizó la mano por debajo de mi corpiño. Le devolví la caricia bajando mi mano a su entrepierna y lo acaricié por encima su ropa. Estaba duro y apretado, lo sentía moverse, y seguí acariciándolo con más presión.
Que ganas de sentirte que tenia… que ganas de cogerte que tengo!… ¿Vamos atrás?
Miré para atrás, miré los vidrios, que estaban polarizados, y pensando que hacía millones de años que no hacía algo así, le dije dale!
Se pasó primero, por el hueco que había entre las dos butacas y se sentó atrás. Pasé yo, y me quedé arrodillada delante de él, y mientras lo besaba, le fui desabrochando el cinturón, le corrí el boxer, y lo dejé enorme y a merced de mis manos mientras él se acomodaba y se bajaba un poco el pantalón. Lo besé intensamente, lo sentí gemir, moverse y crecer más todavía al contacto de mi boca, hasta que me dijo vení, sentate arriba mío.
Como pude, bajé mi pantalón hasta los tobillos, y a pesar de lo incómodo que parecía que iba a ser, me senté arriba de él, despacio, sintiendo como iba entrando de a poco dentro mío. Me moví arriba de él, hasta que enseguida terminó. Fuerte y sonoro, acabó mientras me abrazaba desde atrás y así se quedó un rato más, recuperándose.
Me pasé al asiento de al lado, mientras me daba un kleenex aparecido de la nada… después vi que había una caja tirada en el piso, nos acomodamos la ropa y nos quedamos un rato en los asientos de atrás, hasta que nos empezamos a reír… somos dos pendejos!
Nos pasamos a las butacas delanteras, recién entonces nos fijamos si no había nadie cerca mirando, arrancamos y nos fuimos. Cinco minutos después me dejaba en la puerta de casa. Increíble, me dijo, mientras me daba otro beso, y me bajé.
Esperó que entrara, me saludó con la mano y cuando subí al ascensor, se fue. Qué bueno! Quiero más!