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De a dos

Alguien me preguntó: … ¿porqué querés siempre estar en pareja? ¿No podés disfrutar la vida sola?

Supongo que si, que podría, pero creo que de a dos casi todo es más divertido… (tomo nota mental, buena frase para el perfil de una página de citas!) … y sobre todo algunas cosas se hace imprescindible hacerlas de a dos… uno es soledad… tres es multitud…  dos… ¿no es el número perfecto?

Mientras, me llama una amiga, para contarme muy entusiasmada que había vuelto de su viaje de visita a algunas bodegas. Ella es enóloga, y salir a tomar un vino con ella, es un buen momento asegurado. Me cuenta que conoció a alguien, que le encantó, que hubo química inmediata, que terminó alojándose el último día en su casa, que por la noche tuvieron uno de esos encuentros especiales, que a las mujeres nos hacen pensar que finalmente apareció el hombre de nuestras vidas, que al día siguiente se volvió a Buenos Aires… que él también había venido, pero que estaba con una presentación de trabajo y sería complicado verse… y que estaba feliz, feliz, feliz. Que finalmente había podido sacarse de la cabeza al tarado de su último novio, con el que ahora se daba cuenta, no tenía nada que ver. Tres días después, un mensaje: no supe más nada de él!

Me quedé pensando… ¿porqué será que caemos todas las mujeres en la misma trampa? Me acordé de Juan y su paso fugaz por mi vida, y el de tantas amigas con el mismo cuento. Me prometí nunca más, pero nunca nunca más, caer en esa misma situación. Bueno, al menos intentarlo. Así como una golondrina no hace verano…una buena noche no significa nada!

Mi nuevo perfil en las páginas, tuvo bastante éxito. Primera semana, dos cafés. Café número uno, gracias, paso. Café número dos, gracias, paso. Luego vinieron dos cafés más…gracias, paso, y finalmente, una propuesta diferente.

En vez de café, un encuentro a las diez de la noche, un día de semana. Pensé en los pro y las contras. Si el señor me gustaba todo bien. No habría contras. Si el señor no me gustaba, listo, mañana madrugo, me voy corriendo.

Pero el señor me gustó, bastante. Y nos quedamos hasta la una de la mañana, él con un whisky, yo con café. Hablamos, hablamos y hablamos, nos reímos, nos sentimos cómodos los dos, esto se notaba, y pasada la una de la mañana, me dejó en casa. Ya tenía mi mail, le dejé mi teléfono. Nos despedimos como dos conocidos, besito en la mejilla… y nada más, ni nos vemos, ni nos estamos hablando, ni te quiero volver a ver, nada de nada, ni de su parte, ni de la mía.

Qué lindo señor!  Amo las  páginas!!!!

 

Como la canción.

Vuelta de mi viaje,  con el tiempo que me llevó reencontrarme otra vez en la rutina, volvieron las ganas de encontrar esa persona especial que el  universo tendría para mi.  Seguía pensando que en algún lugar tenía que andar, quizás sin saber que yo también andaba cerca, y buscándolo.

Además, las ganas de empezar otra vez a sentir algo más, esa vibración distinta que se siente cuando una persona especial anda cerca. Y ya que estamos, lo reconozco, el deseo.  Me encontré deseando sentir unas manos que no fueran las mías deslizándose por mi piel.  Una boca buscándome por todos lados sin pedirme permiso, un cuerpo al que recorrer y descubrir…. y hacerlo mío. Pasan los años, pero el deseo está ahí, intacto, quizás adormecido por falta de estímulo, pero está.

Me anoté otra vez en las páginas.

De vuelta al ruedo

Después de aquella salida con Juan, donde el placer estuvo asegurado, como siempre, pero hasta ahí… me dieron ganas de desconectarme de todo eso.

Me cansé de la dinámica de las páginas. Me cansé de la magia de internet que es un embellecedor natural… todos somos más jóvenes (mucho más jóvenes), más altos, más flacos, más  simpáticos, divertidos, inteligentes, sensibles, fieles, divinos y la persona justa para correr juntos de la mano por los prados verdes de la vida… conmoviéndonos mientras miramos atardeceres caminando descalzos por la orilla del mar… STOP!

Suficiente por un tiempo, momento de tomarme vacaciones.

Por esos días, mi tía decidió que quería hacerme un regalo,  se ve que me vio un poco cansada y desanimada, y resultó ser una suma importante de dinero. No lo suficiente como para que me cambiara la vida en un futuro lejano o cercano, si lo guardaba … pero si para tomarme unas largas vacaciones y olvidarme de los Enriques, Martines, Juanes y demás hombres que había conocido ultimamente.

A la mañana siguiente, en cuanto contador jefe se metió en su oficina entré detrás de él, y se lo dije de sopetón y sin tiempo de reacción: “Necesito vacaciones, no sé cuando vuelvo, pero te dejo a quien me reemplace. Es casi tan eficiente como yo,  (pero no tanto, tampoco es cuestión de que me saquen el lugar) y no vas a tener ningún problema”.

En honor a los muchos años que nos conocemos, no pudo decirme que no.

Hablé con algunas amigas que viven fuera del país, compré el primer pasaje, me bajé de los stilettos, me saqué la mini, me puse un jean y una remera cualquiera (sin escote),  y arranqué  con la idea de visitarlas  a todas, una por una. Llené la valija de titas y vaquitas, (parece que es lo que más extrañan los que viven lejos), y me fui.

No tenía intención de hacer una experiencia como la de Comer, Rezar, Amar… porque para la comida no soy muy intrépida que digamos  y lo místico no es lo mío… aunque la parte de Amar… quien sabe… podría llegar a ser interesante, si se diera.

No se dio. Estuve un poco más de tres meses de amiga en amiga y de ciudad en ciudad.  Conocí bastante gente, pero no viví ninguna de esas historas que sólo pasan en las películas. Anduve en muchísimos vuelos, pero mis compañeros de asiento fueron mujeres o señores mucho más jóvenes o mucho más viejos que mi ideal, y si hubo alguno al que podría haberle tirado un poco de onda, o tenía alianza, o era inmune a mis encantos. En estos casos, me di cuenta, la realidad no tiene nada que ver con la fantasía, sin dudas.

Ya de vuelta, recuperado mi trabajo, recuperé también las ganas de encontrarme con el hombre de mi vida y me anoté otra vez en la página de encuentros.  Mientras aparezca “él” , me pienso divertir con todos los demás! Eso si, por seis meses, que nadie me hable de subirme a un avión.

Con el fluir de los días.

Pasó un montón de tiempo!

La imagen de Juan, aunque llegó con mucha fuerza, se fue desvaneciendo con el correr de los días.

Me propuse dejar de esperar un llamado de él o una propuesta de encuentro, y dejar que las cosas siguieran su curso.  Pasé, de estar a la expectativa, a no esperar nada, y descubrí que era lo mejor. Seguía anotada en las páginas de citas, y cada tanto aparecía alguien interesante… aunque ninguno fue tan interesante como para despertarme del letargo y encender una chispa.

También me di cuenta que Juan me interesaba mucho más en la cama que en la vida de todos los días… y que los momentos que pasáramos juntos eran solo eso: momentos.

Un viernes a última hora, me llamó. Quería saber si el sábado estaba disponible, y quedamos para el día siguiente, me buscaba por casa cerca de las 8.

Estaba recién llegado de pasar toda la semana fuera con la rubia desabrida, habían llegado esa mañana, después de una semana en la playa. Raro volver un viernes, pero no era asunto mío.

Un poco de placer, no venía nada mal… y tengo que reconocer que mucho placer me dió saber que después de estar 6 días con ella, no terminaba de dejarla en la casa que me estaba llamando a mi.

Me sentí patética… mirá las cosas que me alegran!!! … Pero una noche de amor con Juan, no era para dejarla de lado.

Reconocí, sin lugar a dudas, que él era uno de los mejores… ¿o el mejor? amante que había tenido en mi vida. Y lo iba a tener todo para mi, por una noche entera.

Placer asegurado!!!

Bajada brusca a la realidad

Al día siguiente, le escribí a Juan.

Tu camioneta es cómplice y promotora de buenos momentos!

Y al rato llegó su respuesta:

Grande mi camioneta!
Besos
Juan

¿Eso era todo? Aún sabiendo que mujeres y hombres nos comunicamos distinto, hubiera esperado algo más… en realidad, más que hubiera esperado, esperaba algo más, y me dio una cosita como de tristeza.

Supe, entonces, que no tenía que esperar nada más que pasar buenos momentos, cuando se dieran, sin más expectativa que esa. Y que la cosa tenía que ser al revés… cuando yo quería tener una noche de amor con placer asegurado, podía contar con Juan. Mientras, seguir mi vida.

Me anoté en la página de citas  … mientras aparece la persona correcta, ¿porqué no pasarla bien con los equivocados…?

Fuera de hora

Bajé, y no vi el auto de Juan.

En vez, una trafic, parada en doble fila y a Juan que me sonreía desde adentro.

Me explicó que había dejado su auto en el taller, y andaba con la camioneta de la empresa. Di la vuelta, y me trepé en el asiento del acompañante. Tenía dos asientos detrás, y el resto estaba pelado, salvo dos bolsas de supermercado, con algunas cosas dentro.

Nos besamos, mientras nos decíamos suerte que estabas levantadasuerte que me llamaste… que lindo verte… lindo  que viniste… muero de hambre!  Arrancó, y fuimos a un restaurant cerca de mi casa.

Pidió su cena y yo un café irlandés, y hablamos sobre lo bien que lo habíamos pasado la otra noche, y la conversación fue pasando de tema en tema. De la rubia desabrida, no dijo nada, yo tampoco pregunté nada.

Pidió la cuenta, y salimos. Llegando a la camioneta, y mientras abría la puerta me besó. Me trepé dentro, él dio la vuelta, y una vez sentado, volvió a besarme, intenso y suave. Desabrochó el primer botón de mi camisa, y deslizó la mano por debajo de mi corpiño. Le devolví la caricia bajando mi mano a su entrepierna y lo acaricié por encima su ropa. Estaba duro y apretado, lo sentía moverse, y seguí acariciándolo con más presión.

Que ganas de sentirte que tenia… que ganas de cogerte que tengo!… ¿Vamos atrás?

Miré para atrás, miré los vidrios, que estaban polarizados, y pensando que hacía millones de años que no hacía algo así, le dije dale!

Se pasó primero, por el hueco que había entre las dos butacas y se sentó atrás. Pasé yo, y me quedé arrodillada delante de él, y mientras lo besaba, le fui desabrochando el cinturón, le corrí el boxer, y lo dejé enorme y a merced de mis manos mientras él se acomodaba y se bajaba un poco el pantalón. Lo besé intensamente, lo sentí gemir, moverse y crecer más todavía al contacto de mi boca, hasta que me dijo vení, sentate arriba mío.

Como pude, bajé mi pantalón hasta los tobillos, y a pesar de lo incómodo que parecía que iba a ser, me senté arriba de él, despacio, sintiendo como iba entrando de a poco dentro mío. Me moví arriba de él, hasta que enseguida terminó. Fuerte y sonoro, acabó mientras me abrazaba desde atrás y así se quedó un rato más, recuperándose.

Me pasé al asiento de al lado, mientras me daba un kleenex aparecido de la nada…  después vi que había una caja tirada en el piso, nos acomodamos la ropa y nos quedamos un rato en los asientos de atrás, hasta que nos empezamos a reír… somos dos pendejos!

Nos pasamos a las butacas delanteras, recién entonces nos fijamos si no había nadie cerca mirando, arrancamos y nos fuimos. Cinco minutos después me dejaba en la puerta de casa. Increíble, me dijo, mientras me daba otro beso, y me bajé.

Esperó que entrara, me saludó con la mano y cuando subí al ascensor, se fue. Qué bueno! Quiero más!

Nunca es tarde

Dos días después, pasadas las diez de la noche, ya me había acostado y estaba con mi notebook  perdiendo el tiempo en Facebook, cuando me entra un mensaje on line de Juan.

Bonita! ¿qué dice Milady?

Me cuenta que estaba recién llegado de su partido de fútbol de los lunes.

¿Ya cenaste?

Si, yo ya había cenado.

¿Me acompañás a cenar a mi? Cierro todo acá y en 20 minutos puedo pasar a buscarte.

Miré la hora… eran pasadas las diez y veinte… estaba acostada…  Dale,  ningún problema, te acompaño y yo me tomo un café!

Cerré la máquina a toda velocidad, me vestí, y en 15 minutos estaba lista.

Dos minutos después, sonó mi celular:  Estoy abajo!

Listo, ya bajo.

Y bajé!  Anticipo de buenos momentos.

 

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