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Música para los oídos

Entonces, me decidí y le escribí.

Milord…
Milady, con una naturalidad  y una  confianza que podría remontarse a años aunque fuera de tan poco tiempo nomás, se sintió perfectamente cómoda, especialmente cerca, y sencillamente feliz…  por el encuentro, la cercanía, por la intimidad que se vive cuando alguien canta solamente para uno, y un abrazo te envuelve en la noche. Qué buen momento!
…Quiero que sepas cuanto me haces bien… Que afortunadamente… me haces bien…me haces bien… (con música de fondo)

Al toque llegó su respuesta.

Hay
R
ecuerdos que no voy a borrar
Personas que no voy a olvidar…
Hay
Secretos en el fondo del mar
Personas que me quiero llevar
Aromas que no voy a olvidar
Silencios que prefiero callar
Mientras vos jugás

Muy lindo todo, pero de vernos, ni hablar. 😦

Disfrutá el momento

Al día siguiente, me desperté y sin levantarme, me quedé un rato largo reviviendo cada minuto de esa noche tan especial. Me animé a pensar que Juan debería haber disfrutado la noche entera, tanto como yo.

Sin salir de la cama, abrí mi notebook…ojalá me encontrara con un mail de Juan, pero supuse que no, todavía era temprano… y además, esas cosas las hacíamos nosotras, no ellos. Mejor no esperar nada de nada.

No, no había nada de nada!

Tampoco hubo nada de nada en todo el sábado, ni tampoco el domingo.

Tanto mail previo, tanto te mando el cobrador, tanto beso, y ahora nada.

A ver,  Alicia!!!! ¿Cuándo vas a aprender?

Como una manera de conformarme, pensé que no tenía porque haber nada. Lo habíamos hablado, había sido solo esa noche, estaba la rubia desabrida con quien él quería hacerse viejo, y nada.

Así que nada. Disfrutá el momento. Viví el día.

Bueno, disfruté el momento, y viví la noche. ¿Y si quiero más?… ¿lo llamo?…¿le escribo??? Hoy no… mejor mañana

Juan, el placer, y yo

Parece que hubiera pasado una eternidad desde aquella noche, cuando después del teatro nos fuimos para la casa de Juan. ¿Será como dice mi amiga La Viajera, la gente feliz no tiene blog?

El beso fue un anticipo de lo que sería la noche entera, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que todo se estaba poniendo en orden otra vez.

Hicimos un recorrido por las bebidas que tenía, y elegí un Bailey… a Juan no le gustaban mucho los licores y se sirvió otra cosa. Seguimos un buen rato charlando, mientras puso música, y nos sentamos a ver unas fotos que tenía en la computadora. Cuando los dos habíamos terminado las copas, se levantó, me tomó de la mano y me acercó hasta él. Me besó. De a poco, sin dejar de besarnos empezó a sacarme la ropa, y como si fuera un juego, fuimos sacándonos de a una por vez… una me sacaba él, otra le sacaba yo, despacio, y con cada parte que íbamos liberando los besos y las caricias se hacían más intensas. Lo acaricié por debajo de su ropa interior, y al contacto de mi mano fría, lo sentí estremecerse. Me agaché delante de él, y lo besé, mucho y suave, hasta que me tiró hacia arriba, voló el resto de ropa que teníamos y llevándome de la mano, me guió hasta el dormitorio.

Me dio vuelta y me empujó hasta quedar acostada boca abajo… y me entregué!  Cerré los ojos, escuché la música y sentí los labios de Juan recorriéndome toda desde la nuca bajando por mi espalda,  y más…  hasta sentir que entre sus manos y sus labios, con una habilidad impresionante, como si supiera de antemano y exactamente como y donde me daba más placer a mi, me empezó a besar.

Lo que siguió fue especial, sin necesidad de pedirme permiso, sin necesidad de hablar, tan solo de sentir que estábamos en una misma sintonía y que podía relajarme y confiar en él, lo dejé hacer. Le respondí, lo animé, lo acompañé y lo disfruté. Le devolví todo el placer que me dio, y a mi turno lo sentí gemir, entregarse y terminar, desplomándose arriba de mi espalda, y así nos quedamos un largo rato, mientras me susurraba al oído y me besaba la nuca. Después, abrazados, hablamos mucho, recostada sobre su hombro,  sintiendo su mano acariciando mi espalda, yo deseaba que esa noche, por favor!!!!  no terminara nunca. Volvimos a hacer el amor, y cerca de las seis de la mañana, le dije que debería ir yéndome. No quería irme, pero muy a mi pesar, no podía dejar de volver a mi casa.

No sé si habría contado con que me iba a quedar a dormir, lo propuso pero le dije que no. De a poco, con pocas ganas, nos fuimos vistiendo, entre beso y beso y más caricias, y una hora después me dejó en la puerta de mi casa.

Increíble noche, tanto placer compartido… sentir como que nos conocíamos de siempre. Me tiré en la cama, y reviví cada momento. Me pregunté si él habría sentido todo tanto como yo. Tan fuerte, tan intenso, tan atrevido, tan que quiero más!

De la rubia desabrida, no volvimos a hablar el resto de la noche.

Fuimos Juan, el placer y yo. Nada más.

Viernes

Llegó el viernes, y tal como habíamos quedado, nos encontramos en la puerta del teatro.

Nos saludamos como muy buenos amigos, y me preguntó si ya que faltaba poco más de una hora y media para la función, si quería que cenáramos antes. Le dije que  si.

En la esquina había un restaurant, todavía era bastante temprano y encontramos lugar fácilmente.

Pidió el vino… te gusta el Malbec?…. me gusta todo, le respondí, y después pedimos los platos. 

Mientras esperábamos, me quiso aclarar su situación. Estaba en un impasse con la rubia desabrida, y no sabía que iba a pasar. Estaba harto de algunas situaciones, confundido con otras, cansado de algunas actitudes, y todo eso los había llevado a decidir tomarse un tiempo. Hablamos de las relaciones en general, de lo difícil que se hacía a veces, de la rutina, de las cosas de cada uno, de cuánto se podía o debía tolerar… si era necesario llegar a tener que tolerar cosas, de los deseos propios dentro de una pareja, de sus parejas y de las mías, de nuestras expectativas en general. Se sentía muy bien en ese impasse, pero quería aclararme que él no estaba para pensar  en “nada“.  Como no quería generar expectativas, lo dejaba aclarado. Si yo aceptaba ese juego, lo íbamos a pasar muy bien.  Si no lo aceptaba, seguíamos siendo los mejores amigos, y todo bien,  él entendería.

Ya sabía que lo que fuera que había pasado entre ellos era muy reciente, y yo tenía muy claro que no podía esperar nada más que vivir ese buen momento.

Juego con las negras, le dije.

No esperaba otra cosa de vos! me respondió, con una sonrisa cómplice.

Terminamos de cenar, y nos fuimos para el teatro. En el medio de la función, me tomó la mano, y así nos quedamos hasta que se encendieron las luces. Caminamos hasta el auto, comentando la obra, y cuando estábamos dentro, se dio vuelta hacia mi, y me besó. Suave, intenso, largo… ¿preludio de una buena noche’…  por favor, pensé, no pares!!!!

¿El café lo tomamos en casa?

Dale!

Se cierra la apuesta

La semana siguiente, llamó Juan para ver si nos podíamos ver el sábado.

Yo tenía un compromiso imposible de cambiar, y le propuse en vez  vernos el viernes, pero él ya lo tenía ocupado!!!  Parece que el universo no conspiraba a favor de nuestro encuentro… qué pena!…quedamos que nos hablábamos para el siguiente fin de de semana… ufff!!! falta una eternidad para el próximo fin de semana!

Al rato, me vuelve a llamar. Había podido arreglar las cosas, y entonces si, nos podíamos ver el viernes. Cena y teatro, si me parecía bien, ese era el programa. Me parecía perfecto, obvio!!!… directamente quedamos en que nos encontrábamos el viernes en la puerta del teatro, y cuando nos depedimos lo dijo bien clarito: Esta vez no te zafás del cobrador!!! … Jaja! claro, lo mismo dijiste la otra vez!

El almuerzo

El día del almuerzo, a la hora acordada nos encontramos en el restaurant elegido.

Nos habíamos visto una sola vez en una reunión llena de gente, pero la charla y el almuerzo fue como si nos conociéramos de siempre. Hablamos de un montón de cosas, nada que tocara directamente el tema situación de vida personal de cada uno, y el tiempo pasó rapidísimo. Cuando miré la hora, tuvimos  que salir volando. Me acompañó hasta la puerta de la oficina, y nos despedimos como los mejores amigos.

Desde la oficina, le mandé un mail. Gracias por el almuerzo, lo pasé muy bien! Un beso.

Al rato, me llegó su respuesta. Siento que te conozco de toda la vida, el tiempo voló,  al punto de pensar: “Pero si hace 15 minutos que nos sentamos”. Mucho mandar beso, pero al final sólo descontaste 2, bastante amarrete lo tuyo.

No pude dejar de contestarle: Te aviso que el cobrador no pasó!

Y tampoco pude dejar de sentir que algo muy bueno se estaba armando! Hacía mucho que no me sentía así.

Subiendo la apuesta

Lo acepté a Juan, y la vez siguiente que entré en el facebook, estaba conectado.

Al rato, me saludó, chateamos un poco, y le pregunté si se acordaba de aquel cumpleaños donde nos habíamos visto. Si, claro que se acordaba, aunque de la rubia desabrida, no dijo nada. Le avisé que se me complicaba usar facebook en el trabajo, por lo que iba a desconectarme, me pidió el mail y nos despedimos.

Mientras le pregunté a mi amiga…¿Qué onda con tu primo? ¿Sigue en pareja?. Respuesta de ella … hasta la última vez que lo vi, hará diez días, si. Si me entero de algo, te aviso!

Esa misma tarde mail de Juan… ¿qué te parece si algún día de estos nos encontramos para almorzar por el centro?.  Un beso.

Le respondo al toque… Buenísimo!! Me encantaría! Otro beso.

¿Te parece la semana que viene?. Dos besos (amarreta!!!)

La semana que viene está perfecto. Tres besos (amarreta yo?)

Para el día antes del almuerzo, el miércoles siguiente, estábamos por los 24 besos y el aviso de que el cobrador pasaría por ellos.

Esto pintaba realmente muy bien… me gustaba! Por fin empezaba a sentir que algo se despertaba dentro de mí. Ya!!! …que llegue el miércoles!!!